El escrito lo firmas tú. Las citas también.
Un asistente de propósito general no distingue una cita real de una inventada. El despacho tampoco, si nadie abre la fuente. La parte cara del ahorro llega siempre después.
Alguien copia el relato de hechos y lo pega en una ventana de chat. Pide un borrador de recurso. Han pasado quince segundos y ya han ocurrido dos cosas que nadie ha anotado.
Uso estas herramientas a diario en trabajo fiscal y en informes periciales. No vengo a decir que no se usen. Vengo a contar la parte que no sale en la demostración comercial.
Qué cambia de verdad cuando ChatGPT entra en el trabajo de los abogados
La promesa es de velocidad y no engaña. El borrador aparece en segundos y con buena forma. Lo que no se enseña es el desplazamiento del trabajo. La herramienta no elimina la tarea difícil. La mueve de sitio. Antes el esfuerzo estaba en redactar. Ahora está en auditar un texto que ya viene escrito con aplomo, y eso exige más atención que escribirlo uno mismo.
Ahí está el problema de fondo. El ahorro se cobra por adelantado. La revisión llega después, y casi nunca la presupuestó nadie.
El asunto que pegas deja de estar solo en tu casa
Un asistente de propósito general contratado tal cual es un servicio de un tercero: lo que se escribe dentro deja de estar solo en los sistemas del despacho. Hasta dónde llega eso depende de la modalidad contratada y de lo que digan sus condiciones, y no es lo mismo una cuenta personal que un servicio con encargo de tratamiento firmado. Nada de esto lo convierte en ilícito. Lo convierte en un tratamiento que alguien tiene que poder explicar, y en un tercero a quien el profesional está obligado a hacer respetar el secreto.
La normativa de protección de datos no se suspende porque el destinatario sea un modelo de lenguaje. El principio de minimización exige que solo se traten los datos precisos para la finalidad concreta, y que se limiten la extensión del tratamiento, su plazo de conservación y su accesibilidad Fuente primaria ↗. Pegar el expediente entero porque resulta más cómodo que resumirlo no supera esa prueba.
Hay una segunda capa que casi nadie enlaza con la primera. La información de un cliente empresarial suele ser además un activo suyo. Su protección como secreto empresarial depende de que el titular haya adoptado medidas razonables para conservarlo Fuente primaria ↗. Conviene decirlo con precisión: es una figura distinta del secreto profesional del abogado, que no nace de esa ley sino de la Ley Orgánica del Poder Judicial y del Estatuto General de la Abogacía Española, que además obliga a hacerlo respetar a quienes cooperan con el profesional en su actividad y no se extingue cuando termina el asunto. Pero apunta al mismo sitio desagradable. Lo que tú hagas con esa información puede debilitar la posición jurídica de tu cliente.
Yo trabajaría siempre sobre el mínimo imprescindible. Hechos despersonalizados, sin nombres propios. Y no daría la cuestión por resuelta con una casilla de configuración.
Ocho sentencias que no existían
En marzo de 2026, la Sala de lo Social del Tribunal Superior de Justicia de Navarra archivó un expediente sancionador contra una abogada que había incorporado a un recurso ocho citas de sentencias inexistentes, atribuidas a tribunales reales. El archivo llegó porque reconoció el error y retiró las citas. El tribunal advirtió de que el uso descuidado de estas herramientas puede constituir mala fe procesal Fuente primaria ↗.
No voy a por la profesional. Voy a por el número. Ocho. Una cita falsa es un despiste de una tarde mala. Ocho citas falsas dentro de un escrito ya presentado significan que el texto recorrió entero un camino en el que nadie abrió una sola fuente. Ese camino tiene varios puntos de paso. En ninguno saltó nada.
Un modelo de lenguaje produce texto plausible, no texto verificado. La cita inventada es plausible por diseño. Lleva el formato de siempre y nombra un tribunal que existe. Un revisor con prisa detecta lo que suena raro, y ahí no suena raro absolutamente nada.
La opinión deontológica de la American Bar Association sobre estas herramientas recuerda que los deberes de competencia y veracidad no se delegan en el proveedor Fuente primaria ↗. Digo de dónde viene, porque importa: es de otra jurisdicción y no crea obligaciones en España.
Verificar no es lo mismo que supervisar
Verificar es comprobar que cada afirmación se sostiene contra su fuente. Abrir la resolución citada y leer el fundamento. Es trabajo mecánico y perfectamente delegable.
Supervisar es responder del conjunto, incluido aquello que la herramienta ni siquiera llegó a plantear. No se delega. La diferencia se ve en la pregunta que cada actividad puede contestar. La verificación contesta si esta frase concreta es cierta. La supervisión contesta si este escrito era el que había que presentar.
Un texto puede tener todas sus citas reales y seguir siendo una estrategia procesal equivocada. Confundir las dos actividades produce despachos convencidos de que revisan, cuando lo único que hacen es cotejar.
Hay además un motivo por el que la comprobación se degrada sola. Una encuesta a trabajadores del conocimiento publicada en 2025 recogía que, a mayor confianza declarada en la herramienta, menor era el esfuerzo crítico que esas personas decían aplicar sobre sus resultados Fuente primaria ↗. Es una autodeclaración y no una medición de capacidad. Pero describe bien lo que ocurre en un despacho. Las primeras veces se comprueba todo. A la vigésima ya no.
Qué usos sostendría y cuáles no
Los usos que yo defendería tienen una característica común. El error se ve pronto y se corrige barato. Reformular un párrafo propio que ha quedado ilegible. Preparar las preguntas más incómodas contra mi propia tesis antes de una vista. Ahí la herramienta no aporta ningún dato que yo no pueda contrastar en el acto.
Los usos que no sostendría son los que producen material con aspecto de investigación terminada. Pedir jurisprudencia aplicable a una materia. Pedir un plazo o una cifra. La salida tiene forma de hallazgo, y un hallazgo se comprueba con muchas menos ganas que un borrador.
Lo que dejaría por escrito antes de un asunto con consecuencias
Nada solemne. Media página de uso interno, escrita antes del primer uso real y no después del primer susto.
Empezaría por lo que no entra. Qué información no se pega nunca en una ventana de chat, dicho sin eufemismos y con ejemplos del propio despacho. Es la única regla que tiene que poder cumplirse con un plazo venciendo a las ocho de la tarde.
Después iría a las fuentes. Un escrito que sale con firma lleva detrás a una persona concreta que ha abierto cada resolución citada. Ese nombre debería estar dicho antes de empezar, no negociado cuando aparece el problema.
Y guardaría lo justo para reconstruir el trabajo dentro de un año. Qué versión se tuvo delante y qué se corrigió sobre ella. Sin ese rastro, lo único que sostiene tu diligencia es tu palabra.
Por qué el foco no está en quien firmó
Es cómodo leer el caso de Navarra pensando que eso les pasa a otros. Yo no lo leería así. Ocho citas inexistentes no son ocho errores independientes. Son un mismo fallo repetido ocho veces que ningún filtro detuvo antes de la presentación. Eso describe un procedimiento de revisión, no un carácter.
La pregunta que dejaría encima de la mesa es más fea. Si mañana entrara en tu despacho un escrito con una cita falsa dentro, ¿en qué punto exacto lo detectarías? Si la respuesta sincera es «cuando lo diga la otra parte», entonces el problema nunca fue la herramienta. La herramienta solo lo hizo visible antes.
La máquina no ha firmado nada. La firma sigue teniendo un nombre, y sigue siendo el tuyo.
Lo que me preguntan cuando cierro el portátil.
¿Puede un abogado usar ChatGPT con el asunto de un cliente?
Esto no es consejo jurídico y cada despacho tiene su propio encargo firmado. Lo que yo miraría antes es dónde acaba la información: un asistente de propósito general contratado sin más es un servicio de un tercero, de modo que lo escrito ahí deja de estar solo en los sistemas del despacho, y hasta dónde llega depende de la modalidad contratada. Trabajaría sobre hechos despersonalizados y aportaría lo mínimo que permita obtener algo útil. Y comprobaría qué dice el encargo del cliente sobre comunicación de su información antes de pegar nada.
¿Por qué un asistente de propósito general inventa sentencias?
Porque produce texto plausible, no texto verificado. Una cita falsa sale con el formato de siempre y nombra un tribunal que existe de verdad, así que no activa ninguna alarma en una lectura rápida. El problema no es que mienta con intención. Es que la salida correcta y la salida inventada tienen exactamente el mismo aspecto sobre el papel.
¿Qué diferencia hay entre verificar y supervisar un borrador?
Verificar es comprobar que cada afirmación se sostiene contra su fuente original, abriendo la resolución citada y leyendo el fundamento. Supervisar es responder del conjunto, incluido aquello que la herramienta ni siquiera llegó a plantear. Un escrito puede tener todas sus citas reales y seguir siendo la estrategia procesal equivocada. Ninguna comprobación de fuentes detecta eso.
El expediente detrás del artículo.
El TSJ de Navarra advierte sobre citas jurisprudenciales inventadas con IA ↗Consejo General del Poder Judicial · nota de 26 de marzo sobre un auto de la Sala de lo Social del TSJ de Navarra · 2026Nota oficial; el auto no figura en CENDOJ a 10 de septiembre de 2026Formal Opinion 512: herramientas de IA generativa ↗American Bar Association · Comité de Ética y Responsabilidad Profesional · 2024
Opinión deontológica; jurisdicción de EE. UU.Principios de protección de datos ↗Agencia Española de Protección de Datos · Guía
Orientación institucionalLey 1/2019 de Secretos Empresariales ↗BOE · artículos 1 y 2 · 2019
Normativa españolaIA generativa y pensamiento crítico ↗Lee y colaboradores · CHI 2025 / Microsoft Research · 2025
Encuesta publicada en CHI
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